El corazón de Edgar Buitrago Rico solo tenía el 27 por ciento de funcionamiento, pero él lo exponía todo para sacar las ediciones del Diario Tu Razón.
Sentía ahogo, tomaba aire y volvía a teclear en el computador, como lo hizo años antes en la antigua máquina de escribir. O través de la radio.
Las veces que soltó esa misión, cuando se le agotaba la vida y el servicio de salud lo desahuciaba, el periódico no veía la luz. Desde afuera, muchos se preguntaban qué pasaba con la edición diaria.
Era Buitrago quien más sufría con esa suerte de ejercicio mental y físico de escoger y escribir noticias.
Un amigo cuenta que el propio periodista sacó minutos del escaso tiempo y fuerzas que le quedaban, para buscar a un político conocido, pero terminó recibiendo espaldas a su llamado para tener esa salud convertida en botín, en especial de redes de políticos, en las últimas tres décadas.
Como tal, el periodista era un paciente que, desde hace más de cinco años, justo con la pandemia por el covid, estaba silenciado, al lado de miles, en un sistema de salud donde la atención ha sido un ruego y donde el desahucio puede empezar desde los 55 años.
A la hora del anestesiólogo se le cruzaban, como a tantos y tantas, la alta presión arterial o la sangre densa, para una operación urgente.
Patricia Elena Patiño, periodista quien era su compañera de vida y madre de la única hija -Luisa-, reflexiona sobre esa existencia dedicada al periodismo y una lucha que deja preguntas urgentes.
«Edgar ejerció un periodismo investigativo, crítico e independiente, comprometido siempre con la verdad, la transparencia y la defensa de los intereses ciudadanos. Esa independencia le valió reconocimiento y respeto, pero también momentos difíciles que enfrentó con la misma firmeza y dignidad que caracterizaron su labor profesional», dice ella.
Según la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), el comunicador recibió amenazas de muerte entre 2002 y 2004 cuando le asignaron medidas de protección por parte del Gobierno Nacional. En 2007 fue objeto de un intento de atentado.
Los veedores Betty y Pablo Borrero reconocen que «la voz de Edgar Buitrago era importante para los caleños, y gracias a su pluma, tesón, esfuerzo, les permitía leer y entender desde otra óptica, la realidad social, política, económica, ambiental de la ciudad. Y en los últimos tiempos, su lucha con el sistema de salud que es la brega diaria de los caleños con un modelo que desde los primeros años de la ley 100 mostró las falencias aprovechadas por la corrupción para desvío de dineros en la red pública y en la privada sin que el Estado mostrara en esa época, interés por corregirlos».
Patricia Elena Patiño cuenta que «en los últimos años, Edgar, acompañado de su familia, libró una batalla distinta, pero no menos compleja. Durante más de cinco años enfrentó delicados problemas de salud que pusieron a prueba su fortaleza, su carácter y su enorme voluntad de seguir adelante».
La comunicadora y gestora cultural sostiene que los tropiezos de la salud no son solo de ahora, sino que han venido agotando a los usuarios en las demoras en autorizaciones, la falta de oportunidad en la prestación de servicios, los obstáculos administrativos y la atención insuficiente. Eso contribuyó al deterioro de su condición y afectó seriamente su calidad de vida y la de sus seres queridos.
«Hoy, tras su fallecimiento, su caso deja profundas reflexiones y preguntas urgentes sobre las fallas del sistema de salud colombiano. Lo que enfrentó Edgar no fue un hecho aislado, sino una realidad que viven miles de pacientes y familias que, además de luchar contra la enfermedad, deben enfrentar barreras burocráticas y abandono institucional. Resulta doloroso que un periodista que dedicó su vida a servir a la sociedad, a defender la verdad y a alzar la voz por los ciudadanos, haya tenido que invertir sus últimas fuerzas reclamando un derecho fundamental: una atención digna y oportuna en salud», apunta.
«La historia refleja también la historia de muchos colombianos que merecen ser atendidos con humanidad, respeto y responsabilidad. Hoy, su partida enluta al periodismo regional y nacional, pero también debe convertirse en un llamado urgente a las EPS, a las autoridades de salud y al Estado colombiano para que situaciones como esta no sigan repitiéndose», dice Patiño.
A pesar de las gestiones y llamadas para un tratamiento, que incluiría una operación de corazón, ante los organismos defensores de los derechos humanos como la Personería y de vigilancia y control como la Superintendencia de Salud, no hubo actuación oportuna por parte de la EPS.
Las respuestas eran secas y de protocolo en una salud convertida en botín, a la que le salen bloqueos para conceder el remedio de una reforma.
Sus últimos dos días de vida fueron velando una silla en urgencias de la casa de salud, para dar su último respiro a las 10:30 de la noche del miércoles 27 de mayo pasado.
La historia no debería quedar en el silencio o tendencias de los medios y políticos que no escuchan voces ni dramas como los de Buitrago.





