EL HUMO QUE NOS QUITÓ EL CIELO.

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En el cantón militar del batallón de infantería Pichincha de la ciudad de Cali Valle se ultiman detalles para la gran parada militar con honores de acero y juramento al presidente de la Republica Gabriel Abelardo De la Espriella, después de que tome posesión del cargo, cuando el sol pega fuerte sobre el asfalto en esa unidad donde se congregaran los altos miembros de las Fuerzas Militares de Colombia y Policía, en compañía de autoridades civiles y eclesiásticas, donde cada persona no sudan estarán erguidos, porque se encuentran en la posesión del primer mandatario del Estado Colombiano, en este caso el nuevo comandante en jefe y el Ejercito, La Fuerza Aéreo Espacial.

Por: Jesús Alberto Aguilar Guerrero.

Esta ocasión nos referimos a la contaminación masiva al aire por motos y carros en la capital caucana, recordando cuando Popayán amanecía blanca, no de niebla sino de polvo y de humo cuando es grato decir que antes uno veía el Morro desde el centro, ahora el morro se esconde detrás de una nube gris que no es del cielo es nuestra producida por el exosto de los vehículos automotores que se topan con algunos grupos de personas que salen a caminar, a correr o a realizar ejercicios, como también a acudir a laborar, previniendo la hora del atasco cuando se escuchan pitos, acelerones y de cuando en cuando “un madrazo”, porque cientos de motos filtrándose entre carros, todos botando el mismo aliento “gasolina y ACPM quemados” y esto lo podemos resumir en una breve historia:

Un repartidor enciende su moto 200 veces al día, una buseta sube a Pisoje echando humo negro por el mofle, un carro particular va solo, con un solo pasajero, gastando el mismo aire para todos; nuestra querida e hidalga Popayán ya no es solo ciudad universitaria y blanca, porque es una ciudad con trancones de 40 minutos para recorrer 2 kilómetros.

Antes de continuar con este tema sobre la contaminación masiva debemos recordar que hace veinte años, algunas personas habían manifestado que los estudios sobre el sistema de transporte masivo (STM) que el gobierno nacional en esa época ofreció regalarles a 11 ciudades intermedias del país, son innecesarios para el caso de Popayán, por cuanto aquí no tenemos número de pasajeros para organizar un sistema de transporte de esas características.

No hubo objeción alguna porque las ciudades tienen que pensarse para el futuro y no tenemos que esperar a que el tráfico colapse para empezar a buscar estrategias que mejoren la movilidad; la planificación de cualquier ciudad tiene que incluir los corredores viales para el transporte masivo, ya que es un sistema que mejora sensiblemente la calidad de vida de la gente; lo que obliga a estudiar el tema con especial cuidado por parte de las autoridades y el Concejo Municipal de la capital caucana, hay que tener en cuenta que la movilidad va de la mano de la organización del transporte público y aunque haya una natural resistencia del gremio de los transportadores a esta iniciativa.

Popayán ya tiene que empezar a exigir un mejor transporte masivo, como también el de la reposición de vehículos de servicio público, el aumento de tamaño de estos y la disminución de frecuencia de las rutas, puesto que en nuestra ciudad las busetas al igual que las motos son la principal causa de congestión vehicular por su poca capacidad y por la pésima cultura de usuarios y choferes.

Pero volvamos al tema que nos tañe, porque el problema es que en nuestra ciudad hay muchos motores, poco viento, Popayán es un valle, el aire no se va fácil, se queda y aquí se queda con todo lo que les echamos; pues haciendo un sondeo constatamos:

Motos, son el 60% del parque automotor, muchas de 2 tiempos, sin mantenimiento, sin tecno mecánica al día, le agregamos carros viejos, modelos 90s y 2000s que pasan de mano en mano y siguen botando más CO2 que uno nuevo y le sumamos lomas y trancones porque hay sitios que obliga a acelerar, más acelerador = más humo.

Todo esto genera un resultado: partículas PM2.5 que se meten a los pulmones, tos en los niños del sector rural y crisis de asma en los que habitan en la ciudad; total los médicos dicen que “antes atendían 3 casos de bronquitis al día hoy son 15”.

Existe silencio, nadie lo ve porque todos lo hacemos, el problema es que el contaminador soy yo, es usted, somos todos, es el que prende la moto para ir a comprar pan a dos cuadras, es el que deja el carro prendido 10 minutos esperando, es la ciudad que creció sin ciclo rutas, sin buses eléctricos, sin cultura de compartir. En conclusión, el rio Cauca ya no se ve desde el puente, el cielo payanés ya no es azul limpio a las 3 de la tarde, es blanco – azuloso.

Antes de cerrar esta columna de opinión “En Popayán estamos pintando la ciudad de gris. Y el precio lo pagan los pulmones de nuestros abuelos, de nuestros niños y del paisaje que ya no vemos”. Respirar también es un derecho y en nuestra capital caucana ese derecho se está acabando, acelerador a fondo.

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