Serpress-Bogotá
Un nuevo artículo científico publicado en la revista Adición, referente internacional en la investigación sobre adicciones, analiza el panorama del consumo de sustancias en Colombia y advierte una diversificación sostenida de los patrones de uso, junto con un aumento de los daños asociados y de la demanda de servicios de atención.
Aunque el alcohol, el tabaco y el cannabis siguen siendo las sustancias predominantes, el estudio llama la atención sobre el uso de sustancias emergentes y de medicamentos de prescripción, entre ellos tranquilizantes, sedantes y opioides. Preocupan especialmente el aumento del consumo de tranquilizantes entre adolescentes y adultos jóvenes, así como la presencia creciente de opioides sintéticos, ketamina y tusi.
Los resultados aportan elementos para comprender la transformación del panorama de las drogas en el país y la necesidad de fortalecer las respuestas desde la salud pública, la investigación científica y la atención integral.
En comparación con otros países de la región, Colombia presenta menores prevalencias de consumo de tabaco, alcohol y otras drogas. Asimismo, los trastornos por consumo de drogas son menos frecuentes que en Norteamérica, Argentina o Chile, aunque superan los registrados en algunos países andinos vecinos.
Los investigadores destacan que, pese a las limitaciones de cobertura y capacidad, Colombia cuenta con experiencias relevantes en la atención de los trastornos por consumo de sustancias y en la implementación de estrategias de reducción de daños.
“Colombia es uno de los cuatro países latinoamericanos que ofrecen tratamiento comunitario con agonistas opioides, y ha sido pionera en estrategias de reducción de daños como los programas de intercambio de jeringas y las salas de consumo supervisado, servicios todavía poco comunes en América Latina”, señalan los autores.
Estas experiencias representan oportunidades para fortalecer los servicios existentes y aportar aprendizajes a otros países que buscan respuestas más integrales, basadas en evidencia científica y centradas en los derechos de las personas.
El artículo caracteriza la política colombiana de drogas como un modelo “híbrido”: las reformas orientadas a la salud pública y los avances en materia de derechos conviven con mercados ilícitos, violencia, desigualdades territoriales y prácticas centradas en la represión.
Estas tensiones limitan el alcance de las respuestas existentes y evidencian brechas en la cobertura territorial, el acceso a servicios y la continuidad de la atención. Por ello, los autores plantean que los avances alcanzados deben acompañarse de políticas sostenidas y de una mayor articulación entre los sectores involucrados.





