El dolor y la tristeza embargan a las comunidades indígenas del Cauca tras la muerte de la comunera Misak Alba, quien deja una niña de apenas 3 años preguntando por los abrazos y besos de su madre.
Una tragedia que hoy enluta a familias enteras y revive el llamado urgente a la paz, al respeto y al diálogo entre pueblos hermanos que históricamente han compartido el territorio.
En medio de la difícil situación que se vive entre los resguardos de Guambia y Pitayó, diferentes voces de las comunidades piden que cesen los enfrentamientos, que no haya más personas heridas y que prevalezca la palabra sobre la violencia.
También se hace un llamado humanitario para avanzar en caminos de entendimiento, solidaridad y liberación de las personas que permanecen retenidas, priorizando siempre la vida y la tranquilidad de las comunidades.
Que el dolor de tantas familias no siga creciendo. El Cauca necesita unión, diálogo y paz.





