“A veces las cosas no salen como quisiéramos, pero sin dudas salen como deben salir.”
Por: Jesús Alberto Aguilar Guerrero.
Iniciando nuestra crónica en esta oportunidad retomamos los estudios publicados en diferentes medios de comunicación donde muestran que las sequias han hecho perder el 10 por ciento de la producción mundial de alimentos como los cereales en los últimos 70 años; la cifra no es despreciable si se tiene en cuenta que hoy 800 millones de seres humanos padecen de hambre y que se calcula que, al ritmo que crece la humanidad, se necesitaría aumentar la producción de comida en un 60 por ciento para el 2050, lo anterior no es verano somos nosotros, pues reportajes apuntaban como a las 10 de la mañana el cielo de Bogotá se puso naranja, no era atardecer, era el humo de los cerros orientales ardiendo, a esa misma hora, en Santander Tolima, en Cauca, y en Nariño, el monte también lloraba COLOMBIA ESTA ARDIENDO, y no es una metáfora.
¿Como se genera esto…? Basta una colilla, basta un vidrio tirado en el pasto seco, basta que un campesino haga una quema “controlada” para preparar la tierra y el viento decida que no. Basta un pirómano ya que el 90% de los incendios forestales en Colombia son por mano humana, el otro 10% es el sol castigando un pasto que lleva 3 meses sin lluvia y el bosque que lleva 40 años creciendo, desapareciendo en 40 minutos, existiendo el silencio de los que no pueden correr porque cuando el fuego entra a un bosque, no solo se queman árboles, se queman los nidos de los colibríes, se queman las zarigüeyas que cargan a sus bebes, se queman las orquídeas que no volverán a florecer en 20 años, se queman los frailejones del páramo, que tardan 100 años en crecer 1 metro y son los que nos guardan el agua. En estos días logramos abordar a un bombero que fatigado salía con su equipo y me dijo con voz rota:” Usted apaga el fuego y después escucha. No hay pájaros, no hay nada. Solo ceniza. Es como si el bosque quedara sordo”.
En contexto a lo anterior uno de los últimos boletines de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), nuestro país podría jugar un papel en ese reto, pero el mayor desafío será el manejo del agua, para evitar que el país dependa de la producción extranjera, podemos dar un ejemplo hace más de quince años Colombia exportaba más de lo que importaba (5 millones de toneladas contra 4.2 anuales) hoy esa cifra es al revés (4.2 millones contra 11 millones de toneladas).
Globalizando lo anterior podemos afirmar que el fuego no solo mata lo que quema, mata lo que viene después; sin arboles no hay sombra, sin sombra la tierra se seca, sin frailejones no hay agua en los acueductos, sin bosque no hay lluvia. Es un círculo: deforestamos = hace más calor = hay sequia = el bosque seco prende más fácil = se incendia = hay más deforestación = hay más sequía. Por tal motivo hoy en Popayán, en Cali, en Neiva, el rio baja a la mitad, por eso los campesinos de Puracé, Totoró, Sotará, Patía, Páez ya no saben cuándo sembrar, porque les quemamos el termostato al país; con lágrimas Colombia arde porque nos olvidamos de ella, miramos el incendio en las noticias hace 2 días, al tercero ya nos aburrimos, pero el campesino que perdió su cultivo, el oso de anteojos que perdió su corredor, el niño que respira ceniza en el colegio, lo viven 365 días; no necesitamos más helicópteros cuando ya todo ardió, necesitamos no prender el primer fosforo.
Los incendios impactan en imágenes fotográficas de la sequía han hecho a muchos colombianos preguntarnos cómo es posible que el país sufra de escasez si tiene tanta agua, la verdad es que esa creencia en parte equivocada ha tenido consecuencias nefastas “creer que somos una potencia hídrica es un engaño que nos ha hecho mucho daño, el país ha crecido de espaldas a sus fuentes de vida y por años ha desperdiciado este recurso”; antes de concluir dejo esta reflexión: “cada vez que Colombia arde, no solo se quema un árbol, se quema el agua que ibas a tomar mañana, se quema el aire que iba a respirar tu hijo, se quema el canto de un pájaro que nunca más vas a volver a escuchar”. Los invito a tomar conciencia.





