Doble rasero en el debate político: burlas, acoso y un cruce de señalamientos entre mujeres en el Congreso.
La polémica por los límites del debate público y la violencia política de género volvió a tomarse la agenda nacional tras un nuevo cruce entre figuras del Congreso y líderes de opinión. El detonante fue la controversia alrededor de una caricatura del dibujante Matador, señalada por sectores del Centro Democrático como una burla al aspecto físico de la senadora Paloma Valencia, lo que generó una ola de solidaridad desde su partido y otras figuras políticas.
Sin embargo, el debate escaló cuando, pocas horas después, la senadora María Fernanda Cabal, también del Centro Democrático, publicó un comentario en tono burlesco dirigido a la congresista del Pacto Histórico María José Pizarro, a raíz de una publicación de esta última en redes sociales donde mostraba un tatuaje con un mensaje simbólico sobre el jaguar y la defensa del país.
“Ya no puede ir a El Salvador. Parece una representante de los Maras Salvatruchas”, escribió Cabal, comentario que fue ampliamente cuestionado en redes sociales por su tono y contenido.
La respuesta de Pizarro y el señalamiento de un “repudio selectivo”
La senadora María José Pizarro respondió de inmediato desde su cuenta en X, cuestionando lo que calificó como una doble moral en la condena del acoso:
“¿No que era despreciable burlarse del físico? Parece que su moral es selectiva. El verdadero peligro son sus ideas, no mis tatuajes. Espero la solidaridad en este caso de acoso por parte de @PalomaValenciaL”.
Pizarro fue más allá y recordó que la norma que hoy se invoca para rechazar la violencia política de género fue impulsada por ella misma desde el Congreso:
“La ley que sanciona la violencia política y protege de la violencia que hoy sufre Paloma Valencia es de mi autoría. Sin embargo, ninguna colega del Partido Verde ni del CD ha cuestionado las agresiones, el machismo y la misoginia de JP. ¿Repudio selectivo?”.
En un mensaje posterior, la congresista puso el foco en una discusión estructural:
“Las mujeres estamos cansadas de la gordofobia generalizada en Colombia y de que se metan con nuestros cuerpos. Nuestra diferencia con Paloma es su modelo de país, no su cuerpo”.
Un debate que trasciende lo personal
El episodio reabrió un debate de fondo sobre los límites del discurso político, el uso del cuerpo y la imagen como arma simbólica y la coherencia de los discursos contra la violencia política de género. Mientras sectores del Centro Democrático exigen respeto y sanciones cuando los ataques afectan a sus integrantes, voces críticas señalan que la condena no puede ser selectiva ni depender de la orilla ideológica.
Es de recordar, que el líder del Centro Democrático, Álvaro Uribe estuvo fuertemente criticado por decir con el micrófono abierto, en un evento político donde asistía con su pupila, Paloma Valencia: «Que la hagan llorar en redes a esa María José», refiriéndose a una influencer que confrontó a su candidata por demandar las pensiones.
El cruce de señalamientos deja al descubierto una pregunta que sigue sin respuesta clara en la política colombiana: ¿la violencia simbólica es reprochable solo cuando afecta a unos, o debe rechazarse sin excepciones?





