NO ES FALTA DE SOL, NI DE SUPLEMENTOS: ESTA ES LA RAZÓN POR LA QUE NO AUMENTA SU VITAMINA D

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Este almacenamiento reduce la cantidad disponible en el torrente sanguíneo, lo que provoca deficiencias en las pruebas de laboratorio

POR EL DR. MERCOLA

La vitamina D suele considerarse como un simple problema matemático: si no se consume lo suficiente, sus niveles son bajos. Toma más sol. Toma una dosis mayor del suplemento. Si su nivel de glucosa en la sangre se mantiene bajo, se asume que no se está esforzando lo suficiente. Esa lógica no aplica una vez que toma en cuenta el exceso de grasa corporal. Muchas personas con un porcentaje elevado de grasa corporal siguen los consejos y, aun así, presentan niveles bajos de vitamina D.

Esto no se debe a que la vitamina D no logre entrar al cuerpo. Esto se debe a que la grasa corporal cambia lo que sucede después de que llega. Cuando aumenta la masa grasa, en especial alrededor del abdomen, la vitamina D deja de actuar como un nutriente disponible y comienza a comportarse más como algo que queda relegado. El tejido adiposo absorbe la vitamina D antes de que el hígado pueda activarla, y la grasa abdominal agrava esta situación al interrumpir las señales hormonales que controlan todo el proceso.

Los análisis de sangre bajan, aparecen los síntomas y, rara vez, aumentar la dosis soluciona el problema. La obesidad altera el metabolismo de la vitamina D de maneras que las recomendaciones comunes no consideran. La cuestión no radica solo en la cantidad de vitamina D que toma o en la cantidad de sol que recibe. Es como el tejido adiposo, el hígado y las señales metabólicas deciden si la vitamina D se mantiene activa en la circulación o se retira del alcance de los microorganismos.

Una vez que se entiende que la composición corporal modifica las reglas de la vitamina D, el patrón cobra sentido. Los suplementos no dan los resultados esperados. La exposición al sol y los resultados de laboratorio son decepcionantes. La siguiente sección explica cómo el exceso de grasa interfiere con la vitamina D, comenzando por lo que sucede dentro del cuerpo una vez que la vitamina D entra al sistema.

La obesidad impide que la vitamina D cumpla su función

Un estudio publicado en Scientific Reports analizó por qué las personas con obesidad a menudo presentan niveles bajos de vitamina D incluso después de tomar suplementos o exponerse al sol.1 En lugar de enfocarse en el consumo, los investigadores observaron cómo la vitamina D se mueve a través del cuerpo, cambia de forma y se vuelve utilizable a nivel tisular.

Se utilizaron pruebas de laboratorio avanzadas para evitar las imprecisiones comunes en los análisis de sangre estándar de vitamina D. Los investigadores analizaron muestras de sangre de 452 participantes, entre ellos adultos con obesidad con deficiencia de vitamina D, adultos con obesidad después de la suplementación y voluntarios sanos.

 Las personas con obesidad tenían menos vitamina D utilizable a pesar de tener reservas totales similares: este es el meollo del problema. Cuando los investigadores compararon a los participantes con obesidad y delgados, ambos grupos presentaron niveles similares de vitamina D inactiva en la sangre. Pero los participantes con obesidad tenían mucha menos cantidad de la forma activada. En otras palabras, la vitamina D estaba entrando, pero no se activaba.

Los participantes con obesidad presentaron niveles más bajos de 25-hidroxivitamina D, que es la forma que el cuerpo utiliza, incluso después de la suplementación.

Entro más vitamina D, pero no salió más vitamina D activa: la suplementación logró aumentar la vitamina D3 circulante en los participantes con obesidad. Pero aquí está el problema: esos niveles más elevados no se tradujeron en una mayor cantidad de vitamina D utilizable. El cuello de botella no estaba en la entrada, sino en algún lugar del interior.

La grasa corporal extrae la vitamina D de la circulación: la vitamina D se disuelve en la grasa en lugar de en el agua, lo que significa que se absorbe en el tejido adiposo de la misma manera que el aceite se absorbe en una esponja. Cuanto más tejido graso tenga, más vitamina D se extrae del torrente sanguíneo y se almacena en un lugar donde su cuerpo no puede utilizarla.

Este almacenamiento reduce la cantidad disponible en el torrente sanguíneo, lo que provoca deficiencias en las pruebas de laboratorio a pesar de las reservas en las células grasas. Los participantes con obesidad al inicio del estudio presentaron los niveles más bajos de vitamina D activa a pesar de tener reservas medibles de vitamina D. Los participantes con obesidad que recibieron suplementos experimentaron una ligera mejoría, pero aun así no lograron alcanzar los rangos óptimos, mientras que los participantes sanos convirtieron la vitamina D de forma más eficiente.

La conversión hepática se ralentizó, lo que bloqueo la activación de la vitamina D: la obesidad disminuyo la actividad de la enzima hepática responsable de convertir la vitamina D en su forma activa. Cuando esta conversión se ralentizó, la vitamina D permaneció inactiva incluso cuando los niveles totales de vitamina D parecían altos.

En pocas palabras, la vitamina D proveniente del sol o de suplementos está inactiva cuando ingresa por primera vez al cuerpo. El hígado debe convertirla en 25-hidroxivitamina D (la forma que miden los médicos) y después, los riñones la convierten de nuevo en su forma activa. La obesidad dificulta el primer paso, la conversión hepática, por lo que la vitamina D se queda en su forma inutilizable.

La vitamina D de corta duración entró en el cuerpo, pero no se acumuló: la vitamina D2 y la D3 circularon por un breve periodo, con una vida media de 24 horas, mientras que la 25-hidroxivitamina D permaneció en la sangre durante semanas. Los cambios en la conversión impidieron que esta forma más duradera se acumulara, lo que mantiene bajos los niveles en sangre.

Los niveles de vitamina D3 inactiva aumentaron de forma considerable después de la suplementación, mientras que los de vitamina D activa se mantuvieron bajos. Por lo tanto, los análisis de sangre estándar que cuantifican las formas inactivas sobreestiman la suficiencia de vitamina D en personas con obesidad.

La menor actividad de las enzimas, la desviación hacia vías metabólicas alternativas y un mayor volumen de almacenamiento de grasa actuaron de forma conjunta para diluir la vitamina D circulante. El exceso de grasa alteró el metabolismo de la vitamina D en diversas etapas, lo que hizo que la recuperación metabólica, y no las dosis más altas, fuera el factor decisivo.

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