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A raíz de la polémica que se ha generado por la tala de los árboles envejecidos de parque Caldas, los cuales en algunos casos si son un riesgo inminente y en otros solo el Sabio Caldas sabrá. Pero hay que tener en cuenta que varios de los existentes, fueron especies traídas de otras latitudes y se debería aprovechar para remplazar algunos, qué ya cumplieron su ciclo natural, por otros más efectivos y productivos, que generarían muchos beneficios. La Administración Municipal, debería emplear esta oportunidad de oro en una alianza estratégica con la naturaleza para erradicar los males enquistados de nuestro Parque de Caldas.
Por ejemplo, hay unas especies que servirían para espantar a tanto indeseable que a diario circula en sus alrededores, que tal unos árboles de Caspi, (Toxicodendron striatum o Rhus striata) el cual no dejaría arrimar a tanto bago y desocupado, que rapidito los despacharía para la casa a coger oficio. O que tal sembrar en todas las aceras la bellísima Ortiga (Urtica) para que con sus diminutas pelusas agarre a los eternos visitantes y les recuerde su función social.
O que tal sembrar por todos los senderos Borrachero (Brugmansia Arborea) para los que abusan de las bancas, los ponga a dormir más de la cuenta y agarren pulso.
También se debería tener en cuenta al Plátano de sombra (Platanus acerifolia) que produce rinitis y tos y así nos quitamos el uso del parque para cuánta carajada se les ocurra y se evitarían las manifestaciones de desadaptados y uso de gas lacrimógeno.
Otro aliado es el Abedul (Betulia) del cual sugiero sembrar uno en cada esquina del parque y que, gracias a su polen altamente alergénico, espantaría tanto bochinche y chisme.
Otro gran aliado seria la Hiedra Venenosa (Toxicodendron radicans) planta que genera irritación y urticaria a quien la toque o tenga la osadía de sacar el pitorrin para abonar las matas con sus fluidos corporales.
Pero hay que agregar otro aliado volador a esta gran cruzada por la recuperación del parque, la famosa Avispa Quita Calzón (Polistes dominula) la única con la capacidad de dispersar la manifestación más aguerrida y con la agilidad de sacar al que se baje los calzones a hacer de las suyas en la sala de Popayán. Eso se llama armonía entre la naturaleza y el hombre.





