Sí, un jueves 13 de julio, ¡el fatídico día!
¿¿El destino??
¿¿Dios lo quiso así??
¿¿Era la hora??
Mi única respuesta es: Dios no quiere que jamás arrebaten tu existir, él es el único dueño y señor de nuestras vidas, en su quinto mandamiento nos dice: » NO MATARÁS».
¡Y duele tanto, cuando esa persona es incapaz de hacer daño alguno!
Una persona sabia, me dijo: » Alfonso era un niño grande». Y yo lo sabía, para él, todos éramos buenos, no existía persona mala; estaba revestido de un espíritu alegre, lleno de bondad y depositaba toda su confianza, sin medir las barbaridades de este espejismo llamado «vida».
Un hermano que a raíz de su partida también se llevó parte de mí.
Me ha tocado convivir con la ansiedad y sortear algunos momentos dónde pierdo la noción del tiempo.
Nuestra convivencia de hermandad fue mutua y dependiente, siempre juntos en nuestro trabajo, viajes, deporte y un resto de actividades que el día a día nos ofrecía.
¡Mi mayor refugio es la oración y mi trabajo diario lo acompaño a través de la música, para que esté dolor se disipe poco a poco!
En este tercer aniversario elevó una plegaria al padre CELESTIAL, dándole gracias por haberme dado la oportunidad de tener junto a mí, ¡esa alma gemela!
¡¡Que brille la luz perpetua para él y que, a nosotros, Dios nos abrace en su misericordia!!
JAVIER APRAEZ





