“Todos los días despertamos frente a un lienzo en blanco llamado vida. Cada pensamiento, cada palabra y cada decisión es como una pincelada que va formando la imagen de nuestro día.”
Por: JESÚS ALBERTO AGUILAR GUERRERO.
Después de celebrar en tiempo de cuaresma la novena en honor de Nuestra Señora de Los Dolores en la hidalga e histórica ciudad de Popayán o bien llamada por muchos “la Jerusalén de América”, la imagen de esta virgen que es una verdadera joya de arte religioso; se cree que llegó a la ciudad en el siglo XVIII proveniente de la región de Andalucía, España, se considera una talla hermosa en madera policromada que representa a la madre de Cristo, María en su advocación de Nuestra Señora de los Dolores, y es objeto de gran veneración y devoción por parte de los pobladores de la capital Caucana; el viernes antes del inicio de la Semana Santa y en la noble ciudad se envuelve en penumbra y silencio en el centro de la escena y avanza la venerada imagen, serena y majestuosa, su mirada elevada y su corazón traspasado recuerdan la profecía de Simeón; “Y a ti misma una espada te atravesara el alma” (Lucas 2,35). La espada en su pecho no es derrota, es amor fiel que permanece en el dolor; a su lado camina la Sahumadora, imagen de la mujer patoja que, con el incienso, prepara el camino y eleva la oración del pueblo; detrás, el carguero sostiene la alcayata, símbolo del hombre que carga el peso, como Cristo llevo la cruz sobre sus hombros; los alumbrantes convierten la noche en un cielo de estrellas con sus velas encendidas, mientras al fondo el templo de San Agustín permanece como testigo silencioso de siglos de fe, es una escena donde el dolor se vuelve belleza, y la noche se ilumina con esperanza.
Según la leyenda, la imagen fue traída a Popayán por el presbítero Ignacio Tenorio y Carvajal, quien la dono a la Iglesia de San Agustín; se dice que el sacerdote había estado en una travesía desde España y, al llegar a esta ciudad, creyó que había arribado a su destino final, Lima, Perú, entrando a la Iglesia, se arrodillo ante la imagen y le dio gracias por su protección. Dentro de sus características y la tradición podemos decir que la imagen es una talla para vestir, con solo el busto, manos y pies esculpidos; lleva varias joyas y vestidos que se le colocan para las procesiones de Semana Santa, realizando su desfile religioso el Martes Santo y el viernes de Dolores, convirtiéndose en una de las más importantes de la Semana Mayor en la capital caucana, pues su significado y devoción han traspasado fronteras, pues esta representación de la madre de Jesucristo, es un símbolo de duelo, fe y acompañamiento espiritual para los fieles y representa el dolor y la compasión de la Virgen María ante la pasión y muerte de su hijo Jesús; la imagen es venerada en esta región de Colombia, como también en otros lugares de este país y América Latina. Esta figura femenina es la más representativa de la época de recogimiento y devoción, que marca una de las expresiones religiosas más arraigadas en la tradición católica dentro de la cuaresma, recordando siempre el sufrimiento de la Virgen María ante la pasión y muerte de Jesús, y está representación por la figura de Nuestra Señora de los Dolores, conocida también como La Dolorosa, esta imagen se ha convertido en un símbolo de tristeza y recogimiento para numerosos fieles, que encuentran en ella una forma de vincular el dolor humano con una dimensión redentora. Desde ya se hacen los preparativos para que esta antigua imagen realice la primera procesión el próximo fin de semana, desde su sede la Iglesia de San Agustín, por las céntricas calles de la capital caucana.
En sus anales en un retrato fue la Madre Saá, una abadesa con báculo, mitra simbólica y tres lunares en la frente, cuidadosamente colocados como un triángulo teológico, quien condujo los destinos de las Monjas de la Encarnación bajo la dura y santa regla de San Agustín y se hizo la fundación del convento el 20 de marzo de 1591 en cumplimiento de la voluntad festada del Santo Obispo Fray Agustín Gormaz de la Coruña, segundo de la Diócesis de Popayán, encomendando a esta comunidad velar por esa imagen de La Virgen de los Dolores. Poco nos dejaron los cronistas en cuanto a noticias para saber quiénes fueron los artífices que realizaran esta armónica y primorosa Iglesia barroca, la más lucida, desde el antiguo, entre los templos de Popayán; en su retablo mayor decorado con un rico y admirable sagrario de plata repujada, los retablos menores. El pulpito encerrado entre gruesos paredones de la época, de la fábrica y sus ventanas de tupida celosía, hacen de esta capilla uno de los más encantadores conjuntos de unidad y de época, entre las joyas del arte antiguo en honor de lugar de reposo para la Imagen más venerada por propios y extraños en Popayán.





