Por: Jesús Alberto Aguilar Guerrero.
El próximo 19 de julio de 2026, más de quinientos deportistas practicantes del ciclo montañismo se darán cita en el municipio de Bolívar Cauca donde engalanarán con su presencia el paisaje en un recorrido de 39 kilómetros por diferentes veredas, corregimientos, fuentes hídricas, puentes colgantes, donde predomina la trocha, la carretera destapada, el terreno escarpado, considerado como un deporte de riesgo convirtiéndose un ciclismo de competición realizado en circuitos naturales donde predominan los bosques por caminos angostos con cuestas empinadas en un ámbito netamente natural.
Según las primeras informaciones el sitio de partida y llegada será el parque “el fundador Domingo Belisario Gómez”, cuando la bandera cuadriculada se levante por parte de la primera autoridad municipal en cabeza de la alcaldesa Sandra Rodríguez Dorado, iniciando esta gran competición, donde se mesclan en el recorrido bicicletas fabricadas en aluminio, titanio, carbono u otras aleaciones lo más ligeras posibles, llevan suspensión delantera que está en la horquilla, con recorrido desde 100 a 210 mm, que puede ser de resorte, aceite, aire o ambos sistemas combinados, algunas usan también suspensión para la rueda trasera, normalmente con un sistema de articulación en el cuadro de la bicicleta; la suspensión trasera puede estar, raramente, integrada en el cuadro.
A finales de la primera década del siglo XXI, la mayoría usaba cambio de 9 velocidades en el piñón (casete) de la rueda posterior y 3 platos en la catalina, posteriormente en el mercado se comenzaron a comercializar bicicletas con biplato adelante y juegos de casete de 10 y 11 velocidades en el eje trasero, en el 2015 se incursiono en el mercado con la catalina monoplato con castes de 11 y 12 velocidades, y, hacia esta época se creó un tipo de 13 velocidades, poco común entre los ciclistas, se puede decir que estas configuraciones siempre son a elección del deportista.
En Bolívar no se hace ciclo montañismo para romper récords, se hace para romper el alma y que vuelva armarse el espíritu más grande; aquí la bici no es de carbono, es de corazón y el terreno lo sabe; porque el parque considerado como la sala de recibo de los “bolsiverdes” esa mañana olerá a tinto y a promesa, cientos de ciclistas con sus atuendos deportivos, pero con ganas nuevas calentaran a sus alrededores y se prepararan para esta jornada; el plan es retar el terreno agreste subir y bajar la trocha. “Son solo 39 km” dirá el que organiza, todos se reirán porque en Bolívar 1 km plano vale por 3 de subida, convirtiéndose el primer pedaleo en bendición, el segundo ya es plegaria, el clima de la mañana se meterá por los huesos y el café de olla es el único chaleco que sirve en esta competencia.
En esta crónica quiero describir algo como el ascenso cuando la montaña te examina, cuando la carretera se acaba y empieza el camino real, piedra suelta, barro del de antes, y una subida que no perdona. Aquí el pulmón pesa dice, Sigifredo Velasco Hernández, experimentado ciclista que conoce la zona; aquí los deportistas aficionados bolivarenses te preguntaran “¿para qué viniste?, y uno responderás jadeando “para sentirme vivo”. Tienen que pasar los cultivos de café, por potreros donde el ganado te mira y te dirá “cuidado te caes”, cruzaran quebradas con agua hasta los pedales; a veces toca bajarse y cargar la bici al hombro, porque en el ciclo montañismo bolivarense cargar es también pedalear.
En el kilómetro 15 se encontrará la hidratación, sin apartar que el campesino, el indígena, el mestizo y el afro de la zona te brinde a tu paso una fruta, un agua de limón, un pedazo de panela o sandia, paso este refrescado por los robles y guaduales, que con su bamboleo ventilan el camino a tu paso y veras el viejo cuartel del libertador verdecito, chiquito, valiente, hasta se te puede olvidar el dolor por 30 segundos, para luego continuar la travesía, y poder combinar más adelante donde el miedo y la risa se pueden abrazar y habrá una “bajadita técnica” entrometiéndose la adrenalina, huecos, raíces y curvas que te enseñan a rezar sin soltar el freno. Podemos decir que el barro ha bautizara a los participantes quedando la seña en la cara, la espalda, la bici, quedando como un soldado, y no supo aprovechar el viento para que lo limpie cuando los pinos pitaban y te convertirás en un pájaro con ruedas. Para terminar, puedo decirles que: “En Bolívar Cauca, no se conquista la montaña, la montaña conquista a los deportistas, devolviéndolos mejores, más humildes, más fuertes y con más barro en el corazón y muchos deseos de volver.”





