“Todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la Paz. La gente educa para la competencia, y la competencia es el principio de cualquier guerra.” Pablo Lipnizky – La Educación Prohibida.
Por: Jesús Alberto Aguilar Guerrero.
Podemos afirmar que la hoja de coca (Erythroxylum coca), es memoria verde; mucho antes de la cruz y la espada, ya era palabra, medicina y puente sagrado de los Andes, ya que tiene una historia milenaria de más de 8.000 años en Suramérica, siendo considerada sagrada por culturas preincaicas e incas; utilizada tradicionalmente para combatir el cansancio, el hambre, el mal de altura y en rituales religiosos, su consumo se extendió como parte vital de la vida andina y amazónica; aunque fue estigmatizada durante la colonia y el auge del narcotráfico moderno, sigue siendo un símbolo de identidad cultural, medicina y medicina tradicional para los pueblos indígenas y campesinos.
En nuestro medio a 1.800 metros, en la ladera del Cauca, Nariño o la Sierra Nevada el arbusto crece bajo la niebla; el “nasa” la siembra pidiendo permiso al Ksxa¨w, el espíritu del territorio; aunque no es un cultivo, es una relación, se cosecha hoja por hoja con el dedo pulgar, sin arrancar la rama para que la planta “no se ofenda”; donde cada familia tiene su tajito, pues son tres cosechas al año que dan para el gasto, el trueque y el remedio.
Nuestros aborígenes afirman que tienen que mambear para pensar, porque el indígena o el campesino la lleva en su mochila o Jigra (bolso tejido), sacando tres o cuatro hojas, les quita el nervio central, las pone en la boca junto a un poquito de mambe (cal pura hecha de concha o de piedra) o en su defecto ceniza sacada del rescoldo producto de la quinua; la bola se arma en la mejilla, no se mastica, se “mambea”; extrayendo el alcaloide suave, que calma el hambre, da fuerza para la caminata, aclara la palabra y en la tulpa alrededor del fuego, mambeando se conversa, se consulta, se decide; por tal razón se dice que la persona de mayor edad se le dice “el que más ha mambeado”.
Se dice que mucho antes de que llegaran los españoles, nuestros indígenas usaban la hoja de coca en las ceremonias religiosas y como vigorizante y su importancia llego al punto de convertirse en un medio de pago al modo del oro y la plata. Si nos remontamos a las creencias cuenta una antigua leyenda andina, que dice:” Kuka era una mujer de belleza tan extraordinaria que nadie en todo el imperio podía resistirse a su atractivo; sabedora de su poder, a lo largo de su vida Kuka se aprovechó de los hombres que caían rendidos ante sus encantos, hasta que la fama de sus malas acciones llego a oídos del Cacique Inca, quien ordeno sacrificarla y enterrarla después de partirla en dos.
Allí donde sembraron su cuerpo nació una planta de propiedades excepcionales, que otorgaba fuerza y vigor a los hombres y mitigaba sus penas, a la cual le pusieron como nombre coca, en honor a la bella joven”, este mito da cuenta de la gran importancia que tuvo, y sigue teniendo, la hoja de coca en la vida cotidiana de las comunidades que habitan los Andes; Ya se consuma mediante una infusión (mate de coca) o masticándola, la coca se usa hoy día, más allá de la sensación placentera que procura, para combatir el mal de altura, resistir los esfuerzos físicos, completar la alimentación e incluso leer el futuro, aunque “solo funciona si se cree en ella”.
También es medicina y alimento, pues calma el soroche en la altura, alivia el dolor de muela, cierra las heridas, es digestiva porque contiene calcio, fosforo, vitaminas A y E; los abuelos dicen que “la coca no alimenta el cuerpo, alimenta el espíritu para que el cuerpo aguante”. En nuestro tiempo llego como una herida moderna, con la conquista se tejen malentendidos derivando que la hoja sagrada a “planta del diablo”; en el siglo XX, de planta a insumo, ya que el narcotráfico la arranco del mambeadero y la metió al laboratorio; llegaron la fumiga, el glifosato, el desplazamiento, la hoja lloro, dicen nuestros the wala , médicos tradicionales, hoy comunidades Nasa, Kogi, Arhuaca y Pastos la defienden como patrimonio, porque la usan en rituales de armonización, la siembran sin químicos , la transforman en harina, pomada, té, galletas, bajo licencia. El estado la reconoce como planta de uso tradicional, pero la tensión sigue: una misma hoja es remedio en diferentes regiones colombianas y cocaína en el extranjero. Para concluir en Popayán, el mambeadero urbano convoca a jóvenes que quieren “desnarcotizar” la palabra coca; en Toribio, la guardia indígena erradica cultivos de uso ilícito, pero protege el sagrado, mientras en otros países es patrimonio cultural y se vende en farmacias. En territorio colombiano, la corte Constitucional dijo en 1994: el mambeo es derecho fundamental de los pueblos indígenas; podemos decir que la hoja no es buena ni mala, es ancestral, tres hojas de coca en la boca son 3.000 años de historia; concluyamos “la coca no es el problema, el problema es lo que el hombre hace con ella cuando olvida pedir permiso”. 18-04-2026.




