“si no sabes…te enseño, si no puedes…te ayudo, pero si no quieres… Nada puedo hacer por ti.”
Por: Jesús Alberto Aguilar Guerrero.
Son lamentables los hechos acaecidos últimamente cuando el gremio de periodistas de nuestro país han sido objeto de varias muertes y atentados; todo esto cuando deploramos el vil asesinato de Cristian Herrera periodista de Norte de Santander que cayó por las balas asesinas en la ciudad de Cúcuta podemos decir que, en Colombia, la libertad de prensa se escribe con tinta valiente; aquí, un periodista no solo cuenta historias, a veces las paga con amenazas, con exilio, con su vida; por eso esta crónica tiene dos voces: la de la Constitución que la protege, y la de la realidad que la desafía; he aquí el concepto, la Constitución de 1991, articulo 20, es clara, “se garantiza toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial, y la de fundar medios masivos de comunicación; estos son libre y tienen responsabilidad social”; pues la labor periodística se ejerce con la responsabilidad ya que puedes investigar las actuaciones de un gobernante, criticar al presidente, denunciar al grupo armado.
El Estado no te puede censurar antes, después, respondes si mientes o calumnias; esa es la teoría, la práctica es otra crónica. De esta manera el periodista afronta la realidad y plasma donde más dueles la pluma y más que todo en territorio colombiano considerado como uno de los países más peligrosos para ejercer esta loable profesión considerado como uno de los poderes importantes del hemisferio; no por el gobierno central, ni departamental, municipal entre otros, sino por quienes no quieren que se cuente lo que pasa en nuestra bella nación.
Se pueden denunciar que la comarca colombiana, existen tres violaciones que más se repiten: 1. La violencia física y el asesinato, considerada como una violación extrema, según la Fundación para Libertad de Prensa FLIP, cuando se afirma que desde 1977 han sido asesinados más de 150 periodistas en Colombia, los cuales cubrían corrupción local, minería ilegal, narcotráfico o grupos armados; en síntesis el periodista no muere en determinada región con las herramientas de trabajo, muere en un pueblo donde era la única voz que molestaba; su muerte no solo lo silencia a él, silencia a toda una comunidad que se queda sin quien pregunte. 2. Cuando son amenazados y en el exilio, que se trata de la violación silenciosa, por cada periodista asesinado, hay 20 que reciben panfletos, llamadas, mensajes e WhatsApp, “deja de entrometerte en lo que no te importa o te matamos”, desembocando en la autocensura.
En este caso el periodista deja de cubrir el tema; el editor le baja el tono a la nota, la comunidad se queda sin saber quién se está robando la plata del erario, “No hubo bala, pero gano el miedo”; 3. por último en este punto, decimos que existe la estigmatización y los ataques digitales, donde hoy la violencia no solo es con plomo, es con trinos. Funcionarios, políticos o tuiteros anónimos descalifican al medio, “prensa prepaga”, “mermelada”, “enemigos del pueblo”; cuando el poder estigmatiza, les da permiso a sus seguidores para atacar. De otro lado en redes, campañas de desinformación, doxing, acoso a periodistas mujeres, la idea es cansarlos hasta que borren el tuit o cierren la cuenta informativa.
Dentro de todo esto en departamentos como Norte de Santander, Cauca, Santander, Antioquia y Valle, existen escenarios de riesgo, porque no es igual hace periodismo en Bogotá que en el Cauca, Catatumbo o Bajo Cauca, las zonas con cultivos ilícitos, minería ilegal y presencia de disidencias son las más peligrosas; ahí el periodista no solo enfrenta al grupo armado, al gobernador, al alcalde, al contratista y al miedo de la gente que no quiere hablar.
Existiendo otro riesgo creciente que es la corrupción local, cuando se denuncia un contrato inflado en un pueblo pequeño es más riesgoso que criticar una ley en el Congreso; porque en un pueblo el corrupto sabe dónde vives. De todo este tenemos que llenarnos de resistencia a pesar de todo, la prensa en Colombia no se apaga. ¿Por qué? Porque hay periodista que siguen viajando 8 horas en chiva para entrevistar a una lideresa; porque hay medios comunitarios que transmiten con una planta eléctrica, porque hay estudiantes que montan un podcast para contar lo que algunos medios de comunicación del nivel nacional no ven. Así de esta manera la FLIP, la SIP y miles de ciudadanos documentan cada amenaza y globalizando nuestra posición final, la libertad de prensa en Colombia es frágil pero indomable, en este país la libertad de prensa no se mide por lo que se publica en portada; se mide por lo que un periodista se atreve a preguntar en un pueblo sumido en el abandono. 09-06-2026.





